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martes, 30 de septiembre de 2014

Leuconostoc mesenteroides, el terror de las azucareras

A poco que nadie se fije, cualquiera se habrá dado cuenta que, si bien aquellos alimentos ricos en azúcar (o, siendo más finos, glucosa) no tardan demasiado en criar microorganismos, no se puede decir lo mismo del azucar puro. ¿Cuántos de nosotros nos hemos encontrado algún sobre de azúcar por los bolsillos, guardado desde hacía tantos meses que mejor ni contarlos? Algunos incluso se encontrarían con la muy desagradable sorpresa que de dicho sobrecito se había roto, dejando todo el bolsillo repleto de granitos de azúcar. Si embargo, por mucho tiempo que pasase o por muy sucio que se llegase a poner, no había crecido nada sobre ello.

¿Por qué? Muy simple: el azúcar puro deshidrata. Para entenderlo mejor, os propongo un experimento: comprar en una tienda un cuarto de quilo (por ejemplo) de gominolas de las que tengan más azúcar, comeos la bolsa entera y luego me contais lo que tardásteis en correr hasta el sitio más cercano dónde se pudiera calmar la sed. También es uno de los motivos por los cuales las bebidas azucaradas tipo Fanta o Coca-Cola, en vez de quitar la sed, parece que la dan: tienen más azúcar que agua.


Bueno, pues a los microorganismos, ya sean hongos o bacterias, les pasa lo mismo. Intentar comerse azúcar puro y morirse de sed. La cosa a veces cambia cuando se derrama el líquido suficiente sobre el azúcar, aunque en ese momento lo que usualmente más nos preocupa es evitar que nos toque ese pringue pegajoso, así como de eliminarlo cuanto antes, y no que se contamine de microbichitos.

Sin embargo, en el mundo de las bacterias existen metabolismos literalmente para todo, y sí, como alguno ya habrá adivinado, la Leuconostoc mesenteroides (ya tardaba en aparecer) es capaz de crecer sobre el azúcar puro, formando mucosas que le protegen de la deshidratación, mientras se comen (en este caso, fermentando) la sacarosa presente en el medio. Lo cual es una jodienda para las empresas azucareras, ya que, en caso de detectarse un tanque contaminado, hay que tirar todo el contenido. Sí, así sin más, nada de una limpia somera y todo listo, aunque solo sea porque es fácil de pillar este tipo de contaminación. La cosa se riza ya que Leuconostoc vive habitualmente sobre la caña de azúcar, por lo que puede infectar la caña al simplemente cortarla con las máquinas podaderas, por ejemplo.Vamos, que si se quiere, la paranoia está asegurada. Y esto hace que las empresas azucareras se vuelvan locas buscando formas de controlar o inhibir el crecimiento de esta bacteria de diversas formas, como usando sales u organismos.

Muy trise, pero ésta es la mejor imagen 
que llegué a encontrar de un cultivo crecido de Leuconostoc.

De todas formas, no todo son pegas para esta bacteria, también se le han sacado usos productivos como es en la elaboración de encurtidos, como los pepinillos, las berengenas, aceitunas, altramuces etc. Una de cal y otra de arena.



Y por si alguno se lo está preguntando todavía, no, no se trata de una bacteria patógena. Auque parece que en algún caso muy específico puede actuar como bacteria patógena oportunista (honestamente, nada interesante, ya que parece que la mayoría de las bacterias heterótrofas pueden presentarse como patógenas si se dan unas condiciones específicas).

Y nada más sobre esta curiosa bacteria, salvo que de tanto buscar imágenes de gominolas y encurtidos me ha dado un hambre canina. Así que nos vemos, que yo me voy a comer.


miércoles, 12 de febrero de 2014

Serratia, la bacteria prodigiosa

Era una noche de tormenta; los truenos retumbaban en las altas paredes de piedra de la iglesia. Los monjes, en fila, se diriguían a cantas las vísperas, peo por la luz que entraba por las ventanas envidriadas bien podrían haber sido maitines. Sin previo aviso, el abad se para en seco, logrando de los del final se diesen de morron con el hermano inmediatamente delante suyo. Todos están muy confusos, y los murmullos se elevaban como otro tipo de repiqueteo que acompañase al de la lluvia, mientras que el padre abad, con una mano en dirección a la imagen principal, instaba al resto a que observasen algo. Poco a poco se va volviendo a hacer el silencio mientras todos los frailes se percataban de aquello que había detenido al padre abad tan de repete: la estatua de la Virgen María estaba llorando sangre. Raudos, los hermanos corrieron a buscar unos algodones con los que limpiar la imagen y donde conservar, tras introducirlo en una botellita de cristal, el hecho de semejante milagro.

Supongo que no he sido yo la única que ha oído alguna vez este tipo de leyenda sonre imágenes religiosas que lloraban sangre, sobre todo si a uno le gusta visitar iglesias. Creo que hay incluso una imagen en algún lugar de Italia donde el fenómeno se repite cada año.

A mi, eso siempre ha sido un hecho que me ha fascinado desde que me enteré. Básicamente porque no se trata de solo una habladuría, sino porque hay pruebas: esos famosos frasquitos con alguna especia de tela empapada en la supuesta sangre intruducida en una botellita. Siempre me he muerto de ganas por saber cómo podía suceder aquello.

Mi primera idea sobre como averiguarlo era analizando una muestra de aquella sangre, pero obviamente no me iban a dejar hacerlo a mí, una simple e indeterminada estudiante de instituto. Y la verdad es que, para ser francos, creo que ahora tampoco, siendo una como soy una simple estudiande de universidad.

De hecho, teniendo en cuenta lo hiperreticente que es la iglesia a que le investiguen un poco en profundidad cualquier cosa suya y más si es en relación con los milagros, dudaba yo mucho que aquel misterio estuviera ya resuelto, que por mucha ciencia que haya.

Sin embargo, la respuesta me vino dada en la universidad hace unos meses, en la clase de microbiología para ser más precisos.

Ahora vamos a hablar de la bacteria que encabeza el título de esta entrada.

Serratia es un género de bacterias dentro de la gran familia de las enterobacterias (que también incluye a Enterobacter o a la famosa y querida Escherichia coli) y, como el resto, son gram negativas, aerobias facultativas y con forma de bacilo. Dentro de las enterobacterias pertenecen al grupo 2, junto a Enterobacter, grupo que se caracteriza por no bajar mucho el pH del medio en caso de tener que fermentar (al contrario de, por ejemplo, E.coli). También destacar que es posible que encontrais a esta bacteria con más de un nombre (como les sucede a muchas),como Bacterium prodigiosus o Micrococcus prodigiosus.

Sin embargo, la característica de la que quiero hablar no tiene que ver con cuáles son sus familiares o con quiénes está emparentada, sino por lo que produce: un pigmento llamado prodigiosina. Esta bacteria tiene la particularidad de que al envejecer (es decir, al cabo de unos días) se vuelve de color rojo sangre debido a la secrección de un pigmento especial que le da dicha coloración. Pigmento al que se le dio el nombre de "prodigiosina" ya que se cree que está detrás de unos cuantos mitos y leyendas acerca de imágenes de sangrientas lágrimas. También tiene relacción con el mito de la profanación de la hostia, aquí dejo un enlace por si algjuien quiere leer el mito completo, que es un poco largo.
Hay que reconocer que esto está muy currado.

Así pues, un mito más que se cae sobre sus cimientos destruidos. No sé a vosotros, pero a mí descubrir la explicación razonable a todas aquellas cuestiones imposibles me encanta.